Vamos a forzar una conexión, porque ahí es donde nacen las ideas. Tenés dos caminos:
Elegí dos ideas tuyas que no tengan nada que ver.
Si estás empezando, te damos dos ideas al azar.
Escribí un párrafo corto explicando la conexión que encontraste entre tus dos conceptos. Sin miedo, no hay respuestas incorrectas.
Esa conexión es la prueba de que no estás acumulando, estás construyendo. Ahora, vamos a darle más fuerza.
Encontrá una tercera nota, una que ande por ahí suelta, y conectala a tu nueva “pareja” de ideas. Acabás de crear tu primer triángulo de conocimiento.
Ahora andá a la “vista de grafo” de tu herramienta. Buscá la conexión que acabas de crear y observá cómo se une a tu red existente.
¿Esa nueva conexión unió dos “islas” de conocimiento que antes estaban separadas? ¿O reforzó un “centro de gravedad” que ya tenías?
El verdadero poder no está en juntar notas, sino en la riqueza de las conexiones que creas. Seguí practicando este hábito.